martes, 14 de abril de 2026

UNA POESÍA MÁS: DOÑA LA MAR

DOÑA LA MAR 

Ahora, que ya es de noche,

Doña la Mar salió

a pasear en coche.

Con algas se armó moñitos

y con espuma,

se pintó los morritos.

—Con tantas arrugas —le dice la Luna,

celosa ciruela—

con tantas arrugas parecés una abuela.

—Ahí va la coqueta —una estrella chismosa

con otras chismea—,

la coqueta que las olas menea.

Mírenla a la mar...

Le cantan, a troche y moche.

Mírenla a la mar,

que salió a pasear esta noche.

Doña la Mar piensa orgullosa:

—Hablan y cantan así

de puro envidiosas.

Estaciona su coche al llegar a la playa

y va a la cabaña de aquel

por quien se desmaya.

Doña la Mar se ha enamorado

y esta noche salió a visitar

al que la puso en ese estado.

 

Se llama Martín y es pescador.

—Martín Pescador, ¿me querés besar?

Le pregunta en susurros Doña la Mar.

Le responde Martín a Doña la Mar:

—Usted es hermosa,

pero no la puedo besar.

Se llama Martín y es pescador.

–Martín Pescador, ¿te querés casar?

Insiste en suspiros Doña la Mar.

Le pide disculpas Martín a la Mar.

—Usted es muy bella,

pero no me puedo casar.

—Decime por qué, aunque me duela.

—Porque mi corazón,

estimada damita, ya tiene dueña.

Doña la Mar se despide y va a regalarle

a la novia, sonriente,

un collarcito y un par de pendientes.

Es que Martín Pescador

le ha confesado

que de una sirenita está enamorado.

Mírenla a la mar…

Canturreando la doña, vuelve en su coche,

… Mírenla a la mar,

¡cómo se ha puesto a llorar esta noche!

                                                               FABIÁN SEVILLA